Imaginación y fantasíaEspañol (Argentina)
El kayak de las dunas
Joaquín tenía un kayak de madera roja que, en lugar de flotar en el agua, navegaba por la arena suave de las dunas del desierto. El kayak se deslizaba colina abajo como un trineo rápido, pero Joaquín lo que más quería en el mundo era hacerlo volar por el cielo de arena, justo donde las ráfagas amarillas flotaban como nubes doradas.
—¡Subí, Joaquín, que hoy el viento sopla lindo! —le sopló al oído un viento tibio y cosquilloso que pasaba por ahí para levantar remolinos.
Joaquín se sentó en su kayak rojo y agarró el remo de madera. Empujó la arena con fuerza. ¡Chic, chac, chic, chac! El kayak avanzó por la duna, pero en la mitad de la subida, se detuvo de golpe. La arena estaba demasiado blanda y las maderas del kayak se hundieron como una cuchara en un postre de dulce de leche. Por más que Joaquín remaba y remaba, el kayak no subía al cielo de arena; se quedaba ahí, atrapado y pesado.
Entonces, un lagarto de cola verde pasó caminando despacio, buscando la sombra de una piedra.
—Che, qué pesado que estás hoy —dijo el lagarto, sin detenerse—. Si querés subir al viento, vas a tener que hacerte liviano como una pluma.
Joaquín miró el kayak. Pensó en lo que había dicho el lagarto. Se sacó las zapatillas de lona pesada y las dejó sobre la arena. Después, se sacó la gorra con visera. Miró las dunas y vio que el viento soplaba con fuerza, levantando cortinas de polvo brillante. Joaquín cerró los ojos, levantó los brazos y empezó a mover el remo muy suavemente, sin tocar el suelo, imitando el vuelo de los pájaros.
De repente, una ráfaga fuerte pasó por debajo de la madera roja. El kayak se balanceó, se despegó de la duna y empezó a flotar. ¡Estaba volando! Joaquín subió más y más, planeando entre las nubes de arena dorada que le hacían cosquillas en las piernas y en la nariz. Desde arriba, el lagarto verde parecía un puntito brillante que tomaba el sol sobre su piedra.