El Reino de las Frazadas
Idea: Un reino hecho de frazadas
Shhhffft. Julián escuchó cómo la frazada se resbalaba de su cama y corrió a agarrarla antes de que tocara el suelo. Julián tenía el pelo lleno de rulos y le faltaba un diente adelante. Cuando algo se caía, él nunca lo dejaba tirado: lo levantaba y lo volvía a intentar, una y otra vez, hasta que quedaba bien.
Afuera llovía. Julián miró la frazada en sus manos y pensó: hoy voy a construir un reino. Un reino grande, con paredes de frazada, para él y para su gata Nube.
—Mamá, ¿puedo usar las frazadas del sillón?
—Esperá que termine de guardar la ropa —dijo mamá, sin levantar la vista de la pila de medias.
Julián no quiso esperar. Agarró sus propias frazadas y las tiró sobre dos sillas. Pero las frazadas se resbalaban y caían, plaf, plaf, otra vez al piso. Julián sintió las mejillas calientes y respiró fuerte. Probó con una almohada arriba: se cayó igual. Probó con libros: los libros se resbalaron también.
Entonces Nube entró despacito y se sentó justo sobre una esquina de la frazada, ronroneando. Esa esquina no se movió más. Julián abrió los ojos grandes.
—¡Eso es!
Puso sus zapatillas sobre otra esquina, un libro pesado sobre la tercera, y a Nube sobre la cuarta. Las paredes de frazada se quedaron quietas, como si tuvieran manos invisibles que las sujetaban.
Mamá terminó de guardar la ropa y se acercó a mirar. Vio el reino parado, con Nube adentro como reina dormida.
—Está buenísimo —dijo mamá—. ¿Ahora sí puedo traer las frazadas del sillón?
—¡Sí! —dijo Julián—. Pero pesalas bien en las esquinas, si no se caen.
Mamá agregó las frazadas nuevas, con un zapato acá y un cojín allá. El reino creció, con un techo altísimo hasta el respaldo del sillón.
Julián se metió adentro, junto a Nube, y escuchó la lluvia afuera, lejos, como si no pudiera entrar a su reino de frazadas.
—Este reino es nuestro —le dijo a Nube, y ella solo ronroneó más fuerte.