Saltar al contenido
Fabulada

Valentía y miedosEspañol de México

La linterna de Camila

Camila llevaba su linterna de un lado a otro del cuarto, y la luz brincaba por las paredes. Esa noche quería una sola cosa: dormir con la linterna apagada, como su prima grande.

Pero apagarla era difícil. Cuando se apagaba, la oscuridad se ponía enorme, como una cobija negra tendida sobre todo.

Camila se metió a la cama y apretó el botón. Clic. Todo se volvió negro, y a ella se le apretó la panza.

Primero se tapó la cabeza con la cobija. Adentro estaba más oscuro todavía. Entonces prendió la linterna otra vez, y la luz hizo un círculo amarillo en la pared.

—Ven aquí —susurró.

Quiso atrapar el círculo con la mano, pero se le escapó. Se fue por la puerta, por el techo, por la cabeza del osito. Cada vez que casi lo tocaba, se iba más lejos.

—Qué travieso eres —dijo Camila, y bostezó.

Apagó la linterna. Clic. Y entonces oyó algo.

Tic, tic, tic.

Camila se quedó muy quieta. El ruido venía de la ventana. Sintió el corazón latiéndole en las orejas.

No prendió la linterna. Esperó, con los ojos bien abiertos. Y poco a poco pasó algo raro: la oscuridad ya no era toda negra. La ventana se puso gris. Las orejitas del osito asomaron. Del gancho de la pared colgaba una forma larga, que se movía.

Tic, tic, tic.

—¿Eres tú? —preguntó Camila.

Era su chamarra. El viento se colaba por la rendija, y el cierre pegaba contra la pared a cada soplido.

—¡Eras tú! —dijo Camila, y soltó una risita.

—Hola, cuarto —dijo después, bajito.

Tic, respondió la chamarra.

Camila abrazó al osito y cerró los ojos. Tic, tic, tic, seguía la chamarra, cada vez más despacito, y la oscuridad se quedó tibia y quieta alrededor de su cama.