Valentía y miedosEspañol de México
Algo susurra en el clóset
—¿Quién está ahí? —susurró Camila desde su cama.
Del clóset salió un sonido bajito: «shhh, shhh, shhh». Camila quería dormirse, pero con ese ruido no podía. Había prometido a su mamá que dormiría sola esta noche, y las promesas se cumplen.
Camila se levantó con su conejo de peluche y abrió la puerta un poquito. Nada. Solo chamarras colgadas y un zapato dormido.
—Ya me voy a acostar —dijo.
Pero apenas se tapó, otra vez: «shhh, shhh, shhh».
Entonces probó otra cosa. Se sentó junto al clóset, muy quieta, y escuchó con las dos orejas. El sonido no venía de arriba ni de abajo. Venía de la chamarra amarilla.
—Tú eres, ¿verdad? —dijo Camila.
Metió la mano en el bolsillo. Sacó un sobre pequeño, arrugado como una hoja seca. Lo movió. «Shhh, shhh, shhh».
Dentro había semillas de girasol. Camila las había guardado en otoño y se le habían olvidado. Cada vez que la chamarra se movía, las semillas se frotaban entre sí.
—¡Eras tú! —rio bajito—. ¡Pero qué susurrador!
De pronto, ¡plaf!, el sobre se rompió y las semillas rodaron por todo el piso como lluvia chiquita. Camila las juntó una por una, con la nariz casi pegada a las tablas.
Luego buscó un frasco de la repisa, metió las semillas y puso la tapa.
Agitó el frasco muy suave. «Shhh, shhh, shhh», dijo, ahora de cerca, como una canción.
Camila lo dejó junto a su almohada, se metió bajo la cobija con el conejo y escuchó. El clóset callaba. Solo el frasco, de vez en cuando, susurraba cuando ella respiraba despacito: shhh… shhh… shhh…