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Fabulada

Valentía y miedosEspañol

Sofía y el ropero que susurra

Sofía estaba sentada en el suelo con una cuchara de madera en la mano. Quería dormirse en su cama, pero algo susurraba en el ropero.

—Shhh, shhh, shhh.

Sofía miró la puerta. Era una puerta grande, con una rendija oscura.

—¿Quién eres? —preguntó.

—Shhh, shhh —dijo el ropero.

Primero Sofía probó con el mejor truco que sabía. Abrió la puerta de golpe y gritó:

—¡Te veo!

Dentro solo había abrigos, zapatos y una bufanda larga. El susurro se paró. Sofía cerró la puerta y volvió a la cama. Apenas se tapó con la manta, el ropero volvió a decir:

—Shhh, shhh, shhh.

Entonces probó otra cosa. Tomó la cuchara de madera y dio tres golpecitos en la puerta.

—Toc, toc, toc. ¿Quién susurra?

—Shhh, shhh —dijo el ropero, más bajito.

Sofía se quedó muy quieta. Esta vez no miró la puerta. Escuchó con las orejas bien abiertas. El susurro subía y bajaba, como una ola chiquita. Y justo cuando subía, la cortina de la ventana se movía.

—Ah —dijo Sofía.

Se levantó de puntillas y fue hasta la ventana. Estaba abierta una rendijita. Entraba el viento de la noche y pasaba por debajo del ropero. Movía las mangas de los abrigos.

—¡Shhh, shhh! —dijeron las mangas.

Sofía se rió bajito. Pero no cerró la ventana del todo. La dejó abierta un dedo, solo un dedo.

Abrió otra vez el ropero y sacó la bufanda larga. La colgó en la puerta, de modo que el viento la hiciera bailar. La bufanda se meció de un lado a otro.

—Shhh, shhh —dijo la bufanda, y se le escapó un pequeño «fuuu».

—Buenas noches, ropero —dijo Sofía.

Volvió a su cama y se tapó hasta la nariz. El viento entraba y salía despacio. Las mangas decían shhh, shhh, shhh, y la bufanda se mecía, y los ojos de Sofía se fueron cerrando al compás.