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Fabulada

Valentía y miedosEspañol (Uruguay)

El susurro del placard

El placard de Renata queda al lado de su cama, en un cuarto con una ventana chiquita.

Esa noche, Renata quería dormirse rápido, porque al día siguiente era su cumpleaños. Pero del placard salía un ruido: "shhh, shhh, shhh".

Renata se sentó en la cama.

—¿Quién anda ahí? —preguntó.

—Shhh, shhh —dijo el placard.

Renata se puso las pantuflas y abrió la puerta. Había camperas, remeras y una caja de zapatos. Nada más. Cuando la cerró, volvió el susurro: "shhh, shhh".

Probó otra cosa. Sacó todas las remeras y las puso sobre la cama. El susurro siguió, y ahora venía de más arriba.

—Ajá —dijo Renata—. No es una remera.

Se quedó quieta, con la cabeza ladeada, y escuchó con las dos orejas. El susurro tenía un ritmo. Subía y bajaba, como una olita en la pileta.

Entonces vio que una manga de su campera amarilla se movía un poquito. Metió la mano en el bolsillo y sacó algo redondo, liso y frío: una caracola.

La caracola se la había regalado su abuela. Renata la había guardado ahí, sin acordarse.

—¡Eras vos! —dijo, y se rió.

Se la puso en la oreja. "Shhh, shhh", hacía la caracola, como si tuviera el mar adentro.

Pero entonces pasó algo raro. Al apoyar la caracola en la caja de zapatos, la caja dijo: "¡cric!". Y se abrió sola la tapa. Adentro había un osito de trapo con un botón de un color distinto en cada ojo. Renata lo había perdido hacía mucho.

—Y vos, ¿qué hacías ahí escondido? —le dijo.

Todavía no era el cumpleaños. Faltaba una noche entera y una mañana. Renata acomodó la caracola en la mesita, abrazó al osito y se metió bajo la manta.

Desde la mesita, la caracola seguía susurrando bajito: "shhh, shhh, shhh". Y Renata, con los ojos ya cerrados, contó las olitas hasta que se perdió la cuenta.