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Fabulada
Español301 palabras

El secreto de las sábanas frescas

Idea: Un conejo que no podía dormir

En la colina del Trébol Dulce, el viento de la tarde olía a tierra húmeda y a manzanilla silvestre. La hierba era tan alta que, si te sentabas en el suelo, el mundo entero se volvía de un color verde brillante, salpicado por pequeñas flores blancas que se mecían muy despacio.

Allí vivía Tobi, un conejito de orejas largas y suaves que esa noche no podía dormir. El sol ya se había ocultado tras las montañas, pero en su camita de hojas secas, Tobi daba vueltas y más vueltas. Sentía la paja áspera en las patas, el aire de la madriguera demasiado tibio en la nariz, y un cosquilleo travieso en los bigotes que no lo dejaba descansar. El sueño no quería llegar.

Su mamá estaba sentada cerca de la entrada, tejiendo una bufanda gris con dos agujas largas que hacían un suave clic, clac al chocar.

—Tengo los ojos muy abiertos, mamá —susurró Tobi, con un suspiro largo que le infló la barriga—. Mi almohada está caliente y el silencio hace demasiado ruido.

La mamá de Tobi dejó las agujas a un lado y se acercó despacio. No le dijo que se durmiera de inmediato. En lugar de eso, tomó la manta de algodón de Tobi, salió un momento al jardín y la sacudió bajo el aire fresco de la noche estrellada, dejando que la brisa del campo la empapara de frío.

Cuando regresó, extendió la manta sobre el conejito. El tejido ahora se sentía fresco, liso y ligero sobre su pecho.

—Prueba ahora, mi pequeño —dijo ella, acomodándole las sábanas bajo la barbilla.

Tobi respiró hondo, sintiendo el aroma del viento nocturno en su pecho. Cerró los ojos, estiró sus patitas traseras hasta el fondo de la cama y, con un último y suave bostezo, se quedó profundamente dormido.