Saltar al contenido
Fabulada
Biblioteca
El primer día de escuelaES

El Primer Día de Escuela

En la plaza del pueblo, donde las palomas caminan sobre las losas grises y el sol calienta las piedras, siempre se oye el sonido de los niños jugando y el olor a pan fresco que sale de la panadería. Allí, en un banco de madera, estaba sentada Emma, con su mochila azul ajustada en la espalda y su pelo castaño atado en dos trenzas.

Ese día, mientras esperaba a que su mamá saliera de la tienda, Emma notó que su lápiz favorito no estaba en su mochila. Lo había dejado en la mesa del comedor y ahora se sentía frustrada porque no podía dibujar en su primer día de escuela. Buscó en todos los bolsillos, pero no lo encontró. Su mamá salió de la tienda y se sentó a su lado en el banco. —Estás preocupada, ¿verdad? —le dijo, mirándola a los ojos—. Te duele no tener tu lápiz. —Emma asintió con la cabeza y su mamá le ofreció un papel y un bolígrafo que tenía en su cartera—. Puedes dibujar con esto mientras vamos a la escuela.

Emma comenzó a dibujar y, aunque no era lo mismo que con su lápiz, se sintió un poco mejor. Al llegar a la escuela, su mamá la abrazó y le deseó suerte. Emma se despidió de ella y entró en su salón de clase. Después de un rato, su maestra le devolvió el lápiz que su mamá había encontrado en la mesa del comedor y había llevado a la escuela. Emma se sintió aliviada y contenta de tener su lápiz de vuelta.

Desde ese día, Emma siempre se sentó en su banco de la plaza del pueblo, con su mochila azul y su lápiz en la mano, lista para enfrentar cualquier desafío que se presentara en su primer año de escuela. Y cada vez que miraba el papel que había dibujado con el bolígrafo de su mamá, recordaba que, incluso cuando las cosas no salen como se planean, siempre hay una solución y alguien que puede ayudar.