Saltar al contenido
Fabulada
Español (Argentina)311 palabras

La mamá de Felipe

Idea: la mama de felipé

En el tercer piso de un edificio viejo, con macetas de geranios y ropa tendida que aleteaba como banderas, vivía Emma, la mamá de Felipe. Desde su balcón se veía el patio de abajo, con su fuente de piedra y su portoncito de hierro que, decían los vecinos, sólo se abría para quien fuera amable de verdad.

Esa mañana, antes de irse a la escuela, Felipe le había pedido:

—Mamá, riega mi semillita al mediodía. Si no, se va a secar.

Emma tomó el regador verde y fue hasta la maceta donde dormía el brote diminuto. Pero cuando lo levantó, el regador silbó, fino y quejoso, porque estaba completamente vacío. El sol ya pegaba fuerte sobre la tierra.

Bajó corriendo las escaleras hasta el patio, pero el portoncito de la fuente estaba cerrado, como siempre lo estaba para los que llegaban apurados. Del otro lado, el carpintero del edificio cepillaba una tabla, y el aserrín volaba y se le pegaba a los zapatos a Emma.

—¿Sabe cómo se abre este portón? —le preguntó, sin aliento.

El carpintero levantó apenas la vista y le tendió un puñado de virutas, como si eso fuera respuesta.

Emma respiró hondo. Notó que el aserrín cubría el camino del hombre, así que tomó la escoba apoyada contra la pared y barrió el paso, sin decir nada más. Recién entonces oyó un clic suave: el portoncito se había abierto solo.

Llenó el regador en la fuente fresca y subió corriendo. Cuando el agua tocó la tierra, el silbido se apagó de golpe, como un suspiro contento.

A la tarde, cuando Felipe volvió, encontró una hojita nueva asomando del brote. Se sentaron juntos en el balcón, y Emma cortó un pan tibio, untado con manteca, en dos mitades iguales.

—Gracias, mamá —dijo Felipe, con la boca llena.

—Gracias al portón —contestó ella, sonriendo, mirando el patio de abajo.