Familia y hogarEspañol (Argentina)
El caracol con rayas amarillas
Un caracol con rayas amarillas y brillantes caminaba despacito sobre la almohada de Tomás, adentro de la carpa. El sol recién salía y pintaba de naranja el río Uruguay, que corría al lado del campamento haciendo un ruido suave: shhh, shhh. Tomás abrió los ojos y sonrió. Lo que más quería en ese día de camping era bañarse en el agua fresca y jugar con su autito rojo en la arena mojada. Pero cuando estiró la mano para agarrar el autito, no estaba.
—¡No está, mamá! —dijo Tomás, buscando debajo de la bolsa de dormir—. Mi autito rojo se perdió.
Tomás salió de la carpa y miró el pasto verde. Un tero de pecho blanco caminaba cerca, buscando bichitos para desayunar. El tero no tenía el autito, claro, él solo quería su propio desayuno. Tomás buscó al lado de las reposeras y atrás de la heladerita portátil, pero el pasto era muy alto y el autito no aparecía por ningún lado.
Entonces, Tomás se sentó en el suelo y sopló con fuerza.
—¡Ufa! —se quejó.
Al agacharse, vio un caminito de tierra liso que iba hacia el río. ¡Claro! Las ruedas del autito habían dejado una marca fina en el barro blando. Tomás siguió la línea con el dedo, gateando despacito, hasta que la marca terminó abajo de una ramita seca. Al levantar la rama, ¡ahí estaba! El autito rojo brillaba bajo el sol, mojado por el rocío de la mañana.
Tomás lo sopló para limpiarle la arena y lo apoyó en la orilla del agua. El río Uruguay hacía shhh, shhh contra sus pies descalzos, mientras el autito rojo daba vueltas en la arena tibia y el caracolito de rayas amarillas subía lento por una hoja verde.