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Fabulada

Animales y naturalezaEspañol (Argentina)

Thiago y la fruta escurridiza

Thiago abre la boca bien grande y muerde una rama solo para probar el crujido. Le encanta morder cosas: piedras, hojas, palitos. Pero lo que más quiere Thiago es sorprender a su amiga Olivia con una ensalada de frutas para su cumpleaños.

Agarra un durazno enorme y muerde fuerte.

—¡Cronch!

El durazno se escapa de un salto, resbala por el barro y cae justo en un charco. Thiago se queda con la boca llena de jugo y las manos vacías.

—Bueno —dice—, probemos con la frutilla.

Muerde la frutilla con todos sus dientes filosos. La frutilla sale disparada como una pelotita roja y también termina en el charco, flotando entre burbujas.

Thiago prueba con la sandía. Esta vez el mordisco es tan fuerte que la sandía explota en mil pedacitos que vuelan por el aire y caen, otra vez, en el charco.

—¡Splash!

Olivia, la ratona, mira todo desde su cueva, que tiene cinco túneles y huele a queso tibio.

—Thiago —dice—, ¿por qué mordés todo tan fuerte?

—Porque tengo dientes grandes —contesta Thiago, un poco triste—. Quería hacerte una ensalada linda, pero todo termina en el charco.

Olivia se ríe y no dice nada más. Se queda mirando cómo Thiago junta la fruta mojada.

Entonces Thiago tiene una idea. Agarra una uva, la mira con calma, y en vez de morder fuerte, muerde despacito, como cuando toca el agua del río con la punta de la cola.

—¡Cronch, suavecito!

La uva se parte en dos, perfecta, sin salpicar nada.

—¡Así! —grita Thiago—. Vos tenés que morder despacito, Olivia, ¡mirá!

Los dos juntan más frutas y las muerden con cuidado, poquito a poco. Al final, la ensalada queda lista dentro de una hoja grande, con trocitos parejos de durazno, frutilla y sandía.

Olivia prueba un pedacito y sonríe.

—Está riquísima, Thiago.

Afuera, el charco todavía brilla con el sol de la tarde, tranquilo y quieto, como esperando la próxima sorpresa.