Animales y naturalezaEspañol (Argentina)
Una ballena bajo las estrellas
La playa de Piedra Chica está sola de noche, y la arena brilla pisada por pisada. Allí vive Valentina, que tiene cinco años y una campera amarilla.
Esa noche Valentina camina por la orilla. Cada huella que deja se enciende un poquito y dura una hora, como una lucecita. Nadie en la playa lo encuentra raro. Es así y listo.
Valentina quiere ver una ballena. Su abuelo le contó que a veces, cuando el cielo se llena de estrellas, una ballena sube a cantar.
—Vení, ballena —dice bajito—. Soy yo.
Nada. Solo el mar, que hace shhh, shhh.
Entonces Valentina grita más fuerte:
—¡BALLENA!
Una gaviota se despierta de un salto y se va protestando. La ballena no aparece.
Valentina se sienta en la arena. Mira atrás. Sus huellas brillan en una fila larga, y las más viejas ya se van apagando.
—Mmm —piensa—. Si yo me asusto cuando alguien grita, una ballena también.
Se para y camina despacito, en círculo, hasta dibujar con huellas una ballena enorme sobre la arena. Tiene cola, tiene panza y tiene un ojo redondo. Después se acuesta en el medio, quieta como una piedra.
Pasa un ratito largo.
De pronto el agua se mueve. Algo grande y oscuro sube, despacio, y suelta un resoplido: ¡FUUUUSH! Una nube de gotitas cae sobre la campera amarilla de Valentina.
Ella se tapa la boca para no reírse fuerte.
La ballena se queda cerca, mirando la ballena de luz. Después canta. Es un sonido largo y grave, como un abrazo hecho de música. La arena tiembla un poquito debajo de Valentina.
Las huellas brillan, el cielo brilla, y la canción sigue.
Valentina no dice nada. Apoya la mejilla en la arena tibia y escucha el canto que llega desde el mar.