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Fabulada
Español (Argentina)294 palabras

El teléfono de mi perro

Idea: en telefono de mi perro

La cocina olía a pan tostado y el sol entraba oblicuo por la ventana, dibujando un cuadrado pálido sobre las baldosas frías. Afuera, en el patio, colgaba de un clavo un teléfono de juguete con forma de hueso, rojo y gastado por los mordiscos. Era el teléfono del perro, y todas las tardes, antes de la merienda, sonaba la campanita del carrito de helados en la esquina.

Nicolás esperaba esa campanita como quien espera un tren. Cuando sonaba, corría al patio, descolgaba el teléfono de hueso y llamaba a Toby, que dormitaba bajo la parra.

—Toby, ¿escuchás? —decía, apretando el botón amarillo.

Y Toby, con las orejas paradas, ladraba dos veces, como diciendo que sí.

Esa tarde la campanita sonó lejos, apenas un cascabeleo entre los árboles, y Nicolás apretó el botón amarillo. Nada. Ni un pitido, ni una lucecita. El teléfono estaba mudo como una piedra.

—¡Toby, no funciona! —gritó, sacudiéndolo con las dos manos.

Su abuela, sentada en el banquito bajo junto a la puerta, donde siempre miraba pasar los zapatos de la calle, levantó la vista de su tejido.

—Los teléfonos también se cansan —dijo—. Fijate bien antes de sacudirlo tanto.

Nicolás dio vuelta el hueso de plástico y encontró, en la parte de atrás, una tapita floja. La abrió con la uñita del pulgar: la pila estaba corrida, apenas un dedo fuera de su lugar. La empujó con cuidado hasta que hizo clic.

Apretó el botón amarillo otra vez. Un pitido alegre salió del teléfono, y Toby, desde la parra, levantó la cabeza y ladró fuerte, dos veces.

—¡Ahí estás! —rió Nicolás, sentándose junto al banquito de su abuela, justo donde el cuadrado de luz de la ventana se alargaba ya sobre el piso de madera, tibio como una siesta.