Valentía y miedosEspañol de España
Un explorador valiente — un cuento para dormir
Hugo quiere llegar a lo alto del Cerro Redondo antes de que se ponga el sol.
Es un explorador. Lleva una mochila, un gorro de lana y un pañuelo rojo al cuello. Allí arriba, cuando el sol se esconde, las nubes se mueven y vuelven a hacer las formas de ayer. Nadie en el valle lo encuentra raro. Pero Hugo nunca lo ha visto.
Al pie del cerro hay dos caminos. Uno da vueltas y vueltas. El otro sube recto entre los helechos.
—Ese es el atajo —dice Hugo—. Voy por ahí.
Los helechos son altos y le hacen cosquillas en la nariz. Ir el primero da un poco de miedo, porque no se ve nada. Pero Hugo respira hondo y dice:
—Paso a paso.
Camina y camina. De pronto se para. Delante tiene una piedra grande, con una cabra tumbada al lado. La cabra mastica hierba dulce y hace «clin, clon» con su cencerro.
—Esta piedra ya la he visto —dice Hugo.
Prueba por la izquierda. Otra vez la piedra. Prueba por la derecha. ¡Plof! Pisa un charco y se le moja la zapatilla. Y otra vez la piedra.
Hugo se sienta. Se quita el pañuelo rojo y lo ata en un helecho.
—Si vuelvo a verlo, estoy dando vueltas —dice.
Camina un rato. Y ahí está el pañuelo rojo.
El atajo no sube. Solo gira en redondo.
Hugo suspira. Entonces oye un ruidito: «clin, clon». La cabra se levanta y se va por el camino de las vueltas, buscando su hierba, sin mirarle siquiera.
Hugo desata el pañuelo, se lo pone y la sigue.
—Paso a paso —dice.
El camino da vueltas, pero sube. Arriba, el sol se vuelve naranja. Las nubes se deshacen y se juntan despacio. Una parece un gorro de lana. Otra parece una cabra con cencerro.
Hugo se queda quieto. Oye «clin, clon» a su lado, y el viento le mueve el pañuelo rojo.