Estaciones y climaEspañol (Colombia)
Hojas que se vuelven naranjas
Samuel es un niño que duerme en una casita del árbol, y es el único que tiene un esfero naranja que huele a mandarina.
La casita está en la rama más ancha de un árbol inclinado. Samuel espera a su abuela. Ella le dijo: "Cuando las hojas se pongan naranjas, subo a tomar las onces contigo".
Pero las hojas siguen verdes. Verdes el lunes. Verdes el martes. Samuel extraña a su abuela, y los días se alargan como un chicle.
—Hojas, ya es hora —dice.
Las hojas no contestan. Solo se mueven un poquito.
Entonces Samuel agarra su esfero naranja y pinta una hoja por la mitad. Raya, raya, raya. Pero la tinta se corre y la hoja queda babosa y fea.
—Así no es —suspira.
Una ardilla pasa corriendo por la rama. Lleva una nuez en la boca y no tiene tiempo para nadie. Hace crac, crac, y se va.
Samuel no pinta más. Se sienta con las rodillas pegadas al pecho y mira las hojas de cerca, muy cerca. Mira una, y otra, y otra.
Y entonces ve algo. Debajo de una hoja grande, escondida del sol, hay una hojita con la punta naranja. Solo la punta. Pero es naranja de verdad.
—¡Ahí estás! —dice Samuel.
Mira otra vez y encuentra otra. Y otra más. Las hojas se estaban cambiando por dentro, despacito, sin avisar.
Samuel saca dos tazas y un pan. Pone una taza para él y otra para su abuela. La ardilla vuelve y se queda en la baranda, mordiendo su nuez.
Abajo, en la escalera, suenan unos tenis. Toc, toc, toc.
—¿Ya están naranjas? —pregunta una voz.
Samuel sonríe y le muestra la hojita en la palma de la mano.
—Mira, abuela. Ven.