El perro y laura — un cuento para dormir
Rufo se había ido, dejando su vara en el jardín. En ese momento, Tomás estaba jugando con su perro Laura, intentando lanzar una pelota lo más alto posible. La pelota subía hacia el cielo, y Laura saltaba para atraparla, su cola moviéndose emocionada. Un pensamiento cruzó su mente: hoy era un día especial, su cumpleaños, y quería que Laura estuviera feliz también.
La pelota voló alta, pero en lugar de caer al otro lado del muro, se quedó atascada en una rama alta de un árbol. Se detuvo, mirando hacia arriba, y Laura ladró confundida. La rama era demasiado alta para que él la alcanzara, incluso estirándose con todas sus fuerzas. Una escalera podría ayudar, así que la buscó y la colocó bajo la rama. Sin embargo, al subir, se resbaló y se cayó, lastimando su rodilla. Laura corrió hacia él, ladrando preocupada, y él la abrazó, intentando calmarla.
Después de un rato, se levantó, decidido a encontrar otra manera de recuperar la pelota. Intentó lanzar una piedra para golpear la pelota y hacerla caer, pero la piedra se perdió en el vecindario. Suspiró, pensando que nunca podría recuperar la pelota. Pero entonces, recordó la vara que Rufo había dejado. Corrió a buscarla y, con la vara, pudo alcanzar la rama y recuperar la pelota.
Con la pelota en la mano, sonrió y la lanzó hacia Laura, que la atrapó al vuelo, ladrando triunfante. La abrazó, felicitándola, y juntos se sentaron en la hierba, disfrutando del sol que se ponía detrás de ellos. La luz del atardecer iluminaba el jardín, y el calor de la hierba y el sol en su rostro lo hacían sentir que había sido un cumpleaños perfecto. Mientras el sol se escondía detrás de los árboles, se quedaron sentados en silencio, disfrutando del momento, la pelota olvidada en la hierba.