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Duende gael — un cuento para dormir

Yara subía por la escalera de mano que llevaba al borde ventoso fuera de la ventana del ático, buscando algo. Miraba hacia abajo, hacia el jardín, y se preguntaba si el duende estaría allí. "¿Dónde estarás?", se preguntaba. Su abuela estaba triste hoy y Yara pensaba que el duende podría ayudarla.

Al llegar al borde, vio una pequeña cueva escondida detrás de una planta. Era el hogar del duende, según la leyenda. Pero cuando intentó abrir la puerta, se dio cuenta de que estaba cerrada con un candado. "¿Cuál es la combinación?", se preguntó. Intentó abrirlo con fuerza, pero el candado se rompió. "No, no, no", dijo, frustrada.

Después de un rato, recordó que su abuela le había dicho que la combinación era una secuencia de números que solo el duende conocía. Intentó nuevamente, pero se olvidó de la secuencia y el candado no se abrió. "¿Qué voy a hacer?", se preguntó.

Justo entonces, un ganso que estaba cerca la miró y graznó dos veces. Yara se dio cuenta de que el ganso estaba mirando hacia el cielo, hacia una nube que pasaba. "¡Eso es!", exclamó. Recordó que su abuela le había dicho que el duende amaba las nubes y que siempre se escondía cuando una nube pasaba. Buscó alrededor y encontró una pequeña llave escondida detrás de una roca. La usó para abrir el candado y encontró al duende dentro de la cueva.

El duende era pequeño y peludo, con orejas grandes y suaves. Yara se acercó a él y se sentó a su lado. El duende la miró y se acurrucó contra ella. Yara sintió el calor del sol en su cara y la suavidad del pelaje del duende. "Estoy aquí", dijo, sonriendo. Y se quedó allí, en silencio, disfrutando del momento.