El raton — un cuento para dormir
Daniela estaba sentada en la orilla de la playa de piedras, con un trozo de papel y un lápiz en la mano. Estaba dibujando el contorno de las olas que lamían la orilla. El sol estaba alto y calentaba la piedra bajo sus piernas. De repente, un golpe de viento se llevó su dibujo y lo arrastró hacia el agua. Daniela se levantó corriendo para recuperarlo, pero el papel se deshizo en pedazos y se dispersó en la corriente.
Daniela intentó reconstruir su dibujo en la arena, pero el viento seguía soplando y se llevaba los granos de arena antes de que pudiera terminar. Intentó de nuevo, pero esta vez el agua subió y se lo llevó. Daniela se sentó en la piedra, con las piernas cruzadas y la cabeza baja. Su amiga Sofía se sentó a su lado y le dijo: —Tú estás triste, ¿verdad? —Daniela asintió con la cabeza—. Tú tienes los ojos tristes —dijo Sofía—. ¿Querés que te ayude a hacer otro dibujo? Daniela negó con la cabeza, pero Sofía se quedó sentada a su lado, en silencio.
Después de un rato, Daniela se levantó y comenzó a caminar por la orilla, siguiendo el contorno de las olas. Sofía la siguió, sin decir nada. El sol comenzó a bajar y el viento se calmó. Daniela se detuvo en un lugar donde la piedra era lisa y se sentó. Sofía se sentó a su lado y Daniela comenzó a dibujar de nuevo, esta vez en la piedra. El lápiz raspaba suavemente y el dibujo comenzó a tomar forma.
El sol se escondió detrás de las rocas y el cielo se tiñó de colores suaves. Daniela y Sofía se quedaron sentadas en la piedra, en silencio, escuchando el sonido de las olas. El dibujo de Daniela era imperfecto, pero era suyo. Sofía puso una mano en el hombro de Daniela y dijo: —Me gusta —Daniela sonrió y se recostó en su amiga. El viento había cesado y el mar estaba en calma. La oscuridad se acercaba, pero Daniela se sentía en paz, con su dibujo y su amiga a su lado. La piedra bajo ellas estaba tibia y el sonido de las olas era un susurro suave. Daniela y Sofía se quedaron allí, abrazadas, hasta que la noche las envolvió.